Reconocer las señales de malestar, comprender sus tiempos y convertir la escuela en un espacio de apoyo.
El accidente ferroviario ocurrido el 28 de octubre en Urda, Toledo, vuelve a situar la muerte y el miedo en las conversaciones familiares. Vivir conlleva afrontar la incertidumbre y eventos como el fallecimiento de un familiar o de una mascota pueden afectar a nuestros alumnos. La escuela necesita herramientas para escuchar ese sufrimiento, identificar cuándo requiere atención especializada y acompañarlo respetando las distintas maneras de vivir las pérdidas.
El duelo no siempre es traumático: es una respuesta psicobiológica a la pérdida
El duelo es una respuesta a la pérdida. Puede incluir tristeza, enfado, culpa y momentos de juego, sin constituir un trastorno. Que un niño vuelva a jugar no significa que haya olvidado la pérdida ni que esté fingiendo tristeza. Las experiencias amenazantes pueden desbordar la capacidad de afrontamiento y alterar la sensación de seguridad. El trastorno por estrés postraumático (TEPT) es uno de los posibles trastornos posteriores, no una consecuencia inevitable. Un estudio del proyecto SESSAMO, publicado en 2024, detectó síntomas de estrés postraumático relacionados con la pandemia en adolescentes de Navarra y Gran Canaria evaluados entre 2021 y 2023 y demostró que el trauma también es acumulativo y sus consecuencias pueden permanecer dormidas y aparecer meses o incluso años después.
En el duelo traumático, los recuerdos aterradores sobre la muerte dificultan recordar a la persona y adaptarse a su ausencia. Estar muy afectado no basta para diagnosticar TEPT. Boris Cyrulnik definió la resiliencia como «iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma» y ha afirmado que «las cosas cotidianas crean un vínculo que da seguridad al niño». Y es ahí precisamente donde entra la escuela para construir vínculos con la vida cotidiana.
La recuperación no sigue pasos obligatorios, cada persona tiene un tiempo de respuesta distinto
La psiquiatra Judith Herman propone tres tareas: recuperar la seguridad, elaborar la experiencia y reconstruir los vínculos y la vida cotidiana. Es un modelo clínico, no un calendario escolar. Tampoco las cinco etapas del duelo de Elisabeth Kübler-Ross son una secuencia universal: pueden superponerse, repetirse o no aparecer. Pedir a un niño que deje atrás una supuesta fase impone una expectativa ajena a su proceso. Recuperarse tampoco exige olvidar a quien ha muerto ni renunciar a los recuerdos agradables.
Los tiempos orientan, pero no fijan la recuperación
Durante los primeros días pueden aparecer sobresaltos, desconcierto o alteraciones del sueño. Según los criterios DSM-5, el trastorno de estrés agudo exige síntomas específicos entre tres días y un mes; el TEPT requiere que persistan más de un mes, además de otros criterios. Son referencias diagnósticas, no plazos para empezar a ayudar. La evolución varía y pueden surgir dificultades semanas o meses después. Los aniversarios y las nuevas etapas del desarrollo pueden reactivar el duelo.
Detectar cambios sin colocar etiquetas. En el aula hay que observar conductas
En clase, conviene observar cambios respecto al comportamiento habitual: aislamiento, irritabilidad, falta de concentración, caída del rendimiento, cansancio o molestias físicas repetidas. En los pequeños pueden aparecer regresiones o juegos que reproducen el suceso; en adolescentes, evitación y conductas de riesgo. Ninguna señal identifica por sí sola un trauma. Hablar en privado, registrar cuándo aparecen las dificultades y contrastarlas con la familia ayuda a decidir qué apoyo necesita cada alumno. Un alumno silencioso también puede necesitar ayuda, aunque cumpla las normas y siga entregando sus tareas.
Caso real. Una alumna de I3 perdió a su padre. Su entorno familiar consideró que era demasiado pequeña para comprender lo ocurrido. En el aula, la profesora observó cambios respecto a su comportamiento anterior: dejó de hablar, redujo la interacción con sus compañeros y presentó escapes de orina. Su progreso en los aprendizajes también se ralentizó, y el equipo docente llegó a plantear un posible retraso cognitivo. La valoración del equipo de asesoramiento psicopedagógico (EAP) no fue concluyente y se acordó seguir su evolución durante infantil. En I5, más de un año y medio después, empezó a mostrar signos de mejoría y alcanzó los aprendizajes esperados para su edad. Su evolución recuerda la importancia de respetar los tiempos de recuperación de cada alumno y de interpretar las dificultades teniendo en cuenta su historia personal.
Los profesores no son terapeutas. La escuela acompaña
Los profesores no son terapeutas. El papel de la escuela es ofrecer un espacio seguro y brindar apoyo. Anabel González, psiquiatra y doctora en medicina, indica en su libro Lo que no pasó (2025) que lo que más duele a los niños no es lo vivido, sino lo que les faltó. En este libro, González aborda las heridas que pueden producir las carencias de protección y cuidado.
Por esta razón, mantener rutinas, anticipar cambios, flexibilizar temporalmente tareas y evaluaciones y ofrecer pausas acompañadas facilitan la vuelta al aula. El alumno debería saber a qué adulto acudir y poder decidir si quiere hablar. En ocasiones, se cree que hay que hablar o exteriorizar lo sucedido. No obstante, los especialistas recomiendan no obligarlo a reconstruir lo sucedido ante sus compañeros ni mostrar imágenes impactantes para provocar una reacción. Los docentes deben trabajar en red con la familia, otros docentes y especialistas externos. Al explicar situaciones de muerte o catástrofes naturales o fortuitas, hay que buscar asesoramiento profesional para elegir las palabras y un enfoque adecuado a la edad, evitando expresiones como «se ha dormido», «se ha convertido en estrella», que pueden generar confusión o miedo.
Cuando el malestar es intenso, empeora o interfiere con la vida cotidiana, corresponde solicitar una valoración profesional. La labor docente consiste en detectar, sostener y facilitar el acceso a esa atención.
Fuentes consultadas
Coalition to Support Grieving Students. Cultural Sensitivity.
Cyrulnik, Boris (s. f.). Cómo enseñar empatía a los niños. Entrevista y transcripción. BBVA Aprendemos juntos.
Elisabeth Kübler-Ross Foundation. The Five Stages of Grief.
González, Anabel (2025). Lo que no pasó: Cómo curar las heridas que nos dejan el abandono, la ausencia y las pérdidas. Planeta.
Herman, Judith L. (1998). Recovery from psychological trauma. Psychiatry and Clinical Neurosciences.
National Center for PTSD. Acute Stress Disorder.
National Child Traumatic Stress Network. About Child Trauma.
National Child Traumatic Stress Network. Childhood Traumatic Grief Information for School Personnel.
NICE (2018, revisada en abril de 2025). Post traumatic stress disorder Recomendaciones NG116.
RSPCA. Children and Pet Loss.
RTVE (28 de octubre de 2026). Accidente ferroviario en Urda Toledo.
Save the Children y equipo de la Universitat de València (octubre de 2025). Con el barro en la mochila. Método y equipo: página impresa 3. Gráfico por etapa educativa: página impresa 21.
Schonfeld, David J., y colaboradores (2024). Supporting the Grieving Child and Family Clinical Report. Pediatrics 154(1), e2024067212.
Yárnoz-Goñi, Nora, y colaboradores (2024). COVID-19 Posttraumatic Stress Disorder and Mental Health among Spanish Adolescents SESSAMO Project. Journal of Clinical Medicine 13(11), 3114.











