La Universidad necesita examinarse a sí misma. Hablar de inclusión obliga a revisar quién puede investigar, qué experiencias se reconocen como conocimiento y cuántas barreras permanecen detrás de un discurso de igualdad. CIDID ha abierto un espacio para hacerlo desde la experiencia de las personas con discapacidad.
El I Congreso Internacional de Docencia e Investigación desde la Discapacidad, celebrado los días 5 y 6 de octubre en la Universidad Complutense de Madrid, registró 399 inscripciones y 141 comunicaciones científicas realizadas por personas con discapacidad. El encuentro permitió conocer sus investigaciones y escuchar sus propuestas para transformar la vida académica.
De objeto de estudio a protagonistas de la investigación
Históricamente, la discapacidad se ha estudiado desde una mirada médico-rehabilitadora centrada en el cuerpo que debía corregirse o adaptarse. También ha sido abordada desde enfoques caritativos que sitúan a la persona en el lugar de quien inspira lástima y necesita ayuda. Laura Sanmiquel Molinero, del CSIC, y Andrea García-Santesmases, de la UNED, revisaron estos modelos en su taller. El enfoque social desplaza la atención hacia las barreras del entorno y las condiciones que impiden participar en igualdad. CIDID trasladó esta reflexión al ámbito científico. Las personas con discapacidad presentaron trabajos y compartieron las preguntas que nacen de sus experiencias. Reconocer esa autoría obliga a revisar quién tiene autoridad para producir conocimiento.
La normalidad puede convertirse en una barrera
El capacitismo establece jerarquías según las capacidades y convierte determinadas maneras de funcionar en la medida de todas las demás. Sus efectos pueden acabar interiorizándose. Juan José Fuertes Martínez, investigador de la Universidad Pública de Navarra, lo explica al hablar del autocapacitismo: «Nos consideramos personas no aptas para poder hacer lo que se nos manda». Su investigación autoetnográfica revisa su propia trayectoria para comprender cómo se construyen esas limitaciones. Javier Monferrer Belloch, doctor por la Universitat de València, propone centrar el debate en la inclusión. «La sociedad en general es heterogénea y la discapacidad, también», recuerda. Esa diversidad exige respuestas que permitan participar sin tener que encajar en un único modelo.
La experiencia vivida construye conocimiento
Sophie Savage, de UWE Bristol, compartió cómo su experiencia hospitalaria puede convertirse en una herramienta para enseñar e investigar. Comprender lo que significa habitar un cuerpo sometido a tratamientos aporta preguntas que pueden quedar fuera de otras aproximaciones científicas.
El proyecto ACADIS, presentado por Carmen Márquez Vázquez, Laura Sanmiquel Molinero y Laura Moya, llevó la reflexión a las trayectorias de las académicas con discapacidad. Su propuesta analiza cómo se entrecruzan las desigualdades y las barreras profesionales. Una universidad inclusiva debe mirar también qué sucede después de acceder a ella y qué oportunidades existen para desarrollar una carrera.
Una academia capaz de escuchar otras formas de comunicar
La accesibilidad condiciona la manera de presentar una investigación. Rosa María Teixidor, investigadora y cofundadora de la Asociación Científica HIT, lo expresa con claridad: «La oratoria se tiene que adaptar al cuerpo de la persona y a su audiencia». Exigir una determinada voz o forma de moverse puede excluir aportaciones valiosas. Mari Carmen Suárez de Figueroa, de la Universidad Politécnica de Madrid, recordó la importancia de comunicar la ciencia de forma comprensible. El diseño de un texto y el lenguaje utilizado condicionan quién puede acceder a su contenido.
El derecho a desarrollar una carrera académica desde la discapacidad
José Antonio Rueda Monroy, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Málaga, defendió las medidas de discriminación positiva para reservar plazas y favorecer la promoción del personal docente e investigador (PDI) con discapacidad. Desde su experiencia como docente en silla de ruedas, denunció que, cuando llegan los recortes, el profesorado con discapacidad es el primero en verse afectado, antes de que se planteen reducciones en otros ámbitos. También lamentó la persistencia de barreras arquitectónicas incluso en edificios universitarios de nueva construcción. Como ejemplo, señaló que la mayoría de las tarimas desde las que se imparten las clases magistrales carecen de rampas. Esta dificultad cotidiana muestra cuánto queda por hacer para que la inclusión alcance también a quienes enseñan.
Crear los referentes que faltan en la investigación y la docencia
Khadija Ftah Ftah, codirectora junto a Jorge Rodríguez Moreno, explica que CIDID nació para «crear esos referentes que faltan en la investigación y en los congresos científicos». Encontrarlos permite imaginar una trayectoria propia.
La lección para la academia continúa después del congreso. Revisar sus criterios y garantizar apoyos abre la puerta para que más personas aporten lo que saben. Ahora corresponde a las universidades dar continuidad a ese encuentro, CIDID ha transformado un sueño en una acción posible: que una persona con discapacidad pueda imaginar su futuro como docente o investigadora y encontrar los medios para hacerlo realidad.











